domingo, 22 de julio de 2012

Headshot (2011), de Pen-Ek Ratanaruang

Tul (Nopachai Chaiyanam) es un policía honesto que durante un procedimiento por drogas descubre un cargamento de heroína que involucra al hermano menor de un ministro. Extorsionado para que declare a favor del narcotraficante, se niega y es enviado a la cárcel.
El Demonio (Kiat Punpiputt) es un médico que sostiene en un artículo que los hombres están dominados por sus genes malvados. Ante el fracaso del sistema represivo y de la educación, la solución podría ser el ojo por ojo. Tul se siente atraído por tal teoría y se pone en contacto con El Demonio, quien le ofrece ser un asesino a sueldo para una organización que tiene por blanco a criminales. En el momento de cumplir con el encargo de asesinar a un político corrupto, Tul recibe una bala en la cabeza que lo deja en coma durante tres meses. Cuando se recupera ve todo al revés.
El realizador tailandés Pen-Ek Ratanaruang se sirve de continuos avances y retrocesos en el tiempo para exponer que el protagonista no puede evitar el propio karma en su búsqueda de expiar los pecados, dando forma a un film noir teñido de budismo. Ya en Invisible Waves (2006) sugería que no es posible escapar de las consecuencias de nuestros actos.
Si la conversión del protagonista en monje supone un modo distinto de enfrentar el mal en el mundo, los acontecimientos del final confirmarían la tesis fatalista de una sociedad condenada al fracaso.

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