miércoles, 27 de junio de 2012

Cold Fish (Tsumetai Nettaigyo, 2010), de Sion Sono

Shamato (Mitsuru Kukikoshi) es el dueño de una modesta tienda de peces tropicales. Está casado con Taeko (Megumi Kagurazaka), su insatisfecha segunda esposa, y es padre de Mitsuko (Hikari Kajiwara), quien no acepta la pérdida de la madre y lo rechaza por haber vuelto a contraer matrimonio. Por las noches, sueña con realizar su idílica visión de las relaciones familiares que contrasta con una cruda realidad dominada por la indiferencia. Cuando la hija es atrapada en el intento por robar un supermercado y el encargado amenaza con llamar a la policía, el carismático propietario de la tienda de peces exóticos más grande de Tokio, llamado Murata (Denden), intercede para que no castiguen a la joven. A partir de este incidente, los comerciantes iniciarán un vínculo donde el más exitoso someterá al más débil, ejerciendo su influencia sobre cada integrante de la familia: despertando en la esposa deseos reprimidos, posibilitando a la adolescente abandonar el hogar común y haciendo cómplice al padre de sus asesinatos.
Las escenas donde Murata ejerce sobre Shamato tal violencia física y psíquica que doblega su voluntad son aún más impactantes que aquellas en las que aparece junto a su pareja Aiko (Asuka Kurosawa) rodeado de trozos de carne, en plena tarea de descuartizar a sus víctimas.
La sociedad actual impone severas exigencias en términos de competencia y también de orden moral que tienen por consecuencia hombres cercenados, imposibilitados de vivir en plenitud y de experimentar placer.
La película ilustra la reivincación, descenso al infierno mediante, de un anestesiado padre que busca recomponer el orgullo herido por su esposa e hija.
El realizador japonés Sion Sono muestra una singular fuerza narrativa y obtiene muy buenos resultados con sugerentes espacios como las tiendas dominadas por peceras o la casa en el bosque provista de símbolos religiosos.
Como expresión del mejor cine negro, al que se añaden elementos gore, Cold Fish ofrece una desesperanzada mirada del hombre no exenta de humor.

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