viernes, 4 de mayo de 2012

Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente [14]

Entre los días 11 y 22 de abril se llevó a cabo una nueva dición, la número 14, del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente, que continúa apostando por la pluralidad, recibiendo un masivo apoyo del público y demostrando que existe un sostenido interés por el cine producido por fuera de la gran industria. Un cine que no consista en mero entretenimiento, aunque también tenga esa nota, sino un reflejo más fiel de lo cotidiano, donde los actos transcurran a la velocidad en la que suceden las cosas y no por ello sea tachado de lento y aburrido, en lugar de las vertiginosas repetidas imágenes que sólo buscan procurar un impacto, consecuentemente fugaz, imágenes que sugieran y no simplemente estallen ante nuestros ojos.
Tuve la oportunidad de asistir a la proyección de dos largometrajes: uno de origen francés, llamado L'âge atomique, y el restante de Corea del Sur, de nombre Stateless Things. Ambas realizaciones tienen en común: un tema un tanto recurrente, las dificultades de adaptación de los jóvenes en un medio urbano; cierta morosidad narrativa y significativos aciertos en el aspecto formal, en particular en la dimensión simbólica que presentan las escenas (opuestas) en los espacios abiertos (el trayecto en tren del principio y la incursión por el bosque del final en L'âge atomique, el recorrido en moto por la autopista en el inicio y la caminata que anuncia el fin en Stateless Things) y cerrados (la disco en L'âge atomique, el karaoke y el lujoso piso en Stateless Things).

L'âge atomique, de Héléne Klotz
Victor (Eliott Paquet) y Rainer (Dominik Wojcik) son dos jóvenes que viajan en tren rumbo a la noche de Paris. Ellos encarnan los caracteres atemporales de la juventud: vitalidad, ímpetu, romanticismo, desborde emocional, sensación de vacío, apariencia de invulnerabilidad que se conjuga con suma fragilidad. La película procura un retrato de los personajes mientras los sigue en su camino matizado de rock, poesía, alcohol y bebidas energizantes: sus deseos insatisfechos, incertidumbres, ambigüedad sexual, diferencias de clase expuestas en una discusión a la salida del boliche. A la ciudad que se muestra como amenazante e inhospitalaria, se opone un fantasmal bosque al que ingresan los protagonistas cuando toman un atajo en el regreso a casa y por el cual avanzan extraviados, a modo de metáfora de la desorientación y la ausencia de señales claras propias de la adolescencia.

Stateless Things, de Kim Myung-mook
Joon (Lee Paul), un joven norcoreano ilegal que trabaja en una estación de servicios y reparte volantes con publicidad, defiende a una compañera china que es acosada por el jefe de ambos produciéndose una violenta pelea que los obliga a escapar. Una vez sin empleo, Joon termina prostituyéndose.
Hyun (Yeom Hyun-joon) es otro joven que, por oposición, tiene una vida acomodada junto a un ejecutivo casado que lo mantiene, habitando en un moderno departamento cercano a los edificios gubernamentales, con vista a la otra gran protagonista, una despiadada, inalcanzable ciudad de Seul.
Luego de una hora y media de metraje, mientras la cámara sigue a Joon en una caminata al alba por la ciudad desierta, aparece en pantalla el nombre del film anunciando la escena final, donde ambos personajes, que se relacionan vía internet, intentan un suicidio para después fundirse y renacer en la espectral ciudad.
El tema es el maltrato, el abuso, de aquellos que se encuentran en una situación de precariedad laboral por su condición de jóvenes y/o indocumentados.

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